Este libro es, junto a la correspondencia entre Edmund Wilson y Vladimir Nabokov o Kingsley Amis y Philip Larkin, un ejemplo consumado de ingenio, afecto y –en el caso de Bishop y Lowell– amor. William H. Pritchard, Boston Sunday Globe Imposiblemente líricos hasta que la muerte los separó, Elizabeth Bishop y Robert Lowell se escribieron tantas maravillosas cartas y postales...
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