Recordó el cuerpo de su primo pendiendo desde lo alto del pino, el surco que el lazo le dejó como una prueba irrefutable de su pecado. Esa hendedura persistense y apergaminada que no vio desaparecer ni cubrirse con el maquillaje. Esa huella honda, la cual soñaba todavía más ancha y profunda, casi a punto de arrancarle la cabeza a Tadeo....
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